CRONICA DE UNA HUELGA ANUNCIADA/ y 3

Huelga en General

Hay dos tipos de huelga: La defensiva y la reivindicativa.

La huelga reivindicativa es aquella que se realiza en una época de crecimiento económico con el propósito de conseguir mejoras salariales, reducción de jornada, mejora de condiciones de trabajo e incluso control sobre la gestión económica y financiera de las empresas.

Al realizarse en una coyuntura de fuerte demanda de productos o servicios, se suelen resolver favorablemente a los trabajadores, porque los empresarios prefieren reducir los márgenes de beneficio antes de paralizar la producción y perderlo todo.

La huelga defensiva es la que se convoca en períodos de crisis, y pretenden paliar las medidas de reducción de puestos de trabajo, recortes salariales, aumento de jornada, supresión de mejoras sociales, etc.

Es el peor escenario posible ya que la caída de la demanda y la acumulación de stocks permiten a los empresarios ignorar las peticiones que se plantean; y aún les favorece, ya que así también se ahorran el pago de las nóminas.

Todos conocemos dos casos recientes de este tipo de huelga defensiva.

La del Metro de Madrid. La Comunidad de Madrid reduce los salarios de los trabajadores de Metro, aunque no son funcionarios y no están afectos al decreto del -5%. Después de varios días de huelga la Comunidad reconsidera su postura inicial y decide aplicarles un descuento menor. Tan fácil. Claro porque ya se va a ahorrar un dineral con lo que descuente de las nóminas a quienes secundaron los paros. ¿Quién pierde? Los trabajadores del Metro, claro. Y también el resto de los trabajadores madrileños que utilizan a diario el servicio. La Comunidad de Madrid es la única que ha ganado.

La de los mineros del carbón. La minería del carbón en España está subvencionada, para poder competir con el carbón que viene de otros países. Cada vez hay menos demanda de carbón y además el carbón importado se mezcla con el nacional y se aprovecha de las subvenciones, como si hubiera sido extraído aquí. Como se va a tratar en Bruselas la prorroga de las subvenciones, los empresarios, que quieren crear un estado de opinión favorable, dejan de pagar las nóminas durante varios meses. Los mineros se ponen en huelga, se encierran en las minas y cortan carreteras. Bruselas acuerda la prorroga, las empresa pagan los atrasos y descuentan de las nóminas el mes que han durado las movilizaciones. Encima de pobres, apaleados.

Ahora hemos conocido un tercer tipo: La Huelga justificativa. Que es la huelga que se hace para justificarse ante los afiliados y votantes, aparentando que se lucha y se defiende sus intereses.

No vamos a criticar la huelga porque se haya hecho tarde, se ha esperado a que el BOE publicara los recortes. Tampoco porque los convocantes se hayan disculpado ante el gobierno, restando argumentos a quienes querían hacerla. Menos porque no hayan previsto el día después y no anuncien nuevas movilizaciones, o protestas, o lo que sea. No importa que se haya aireado las subvenciones legales e ilegales que reciben de gobierno y empresarios. O que se haya sabido que cobran habitualmente comisiones por firmar acuerdos, convenios, ERE(s) y todo tipo de fechorías. O que ciertos dirigentes sindicales con sueldos de ejecutivos millonarios, disfruten de pisos de protección oficial. Pasemos con que  reciban un trato de favor en  la mayoría de  las empresas.

Pasemos por todo esto, que ya es pasar.

Pero como el perro del hortelano ni han comido ni han dejado comer. Hemos llegado a una situación de oligopolio sindical, sin que en los últimos 25 años se haya desarrollado una sola huelga reivindicativa. Llevamos desde el año 1980, en que se aprobó el Estatuto “contra” los trabajadores,  perdiendo derechos, sin haber dado nunca una respuesta contundente. Quizás ese  sea su papel: debilitar otras opciones sindicales, actuar de tapón para que no lleguen nunca a desarrollarse luchas reivindicativas.

El problema es que  la base social de estos sindicatos ha quedado reducida a los afiliados de las grandes empresas y administración pública, con bastante antigüedad  y contratos fijos.

Tanta es la desmovilización, que los patrocinadores políticos y empresariales de estos sindicatos se plantean retirarles el apoyo económico que hasta ahora les prestaban. Porque se dicen que  una vez hecho el trabajo sucio ya no les sirven para nada.

No seremos nosotros quienes lloremos su decadencia, ya se buscarán la vida para no tener que volver a trabajar nunca y seguir viviendo del cuento. En nuestra mano está el desarrollar y apoyar otras opciones sindicales, que como Solidaridad defienden otra manera de hacer sindicalismo. Al menos con honestidad.

SALUD Y SUERTE.

CRONICA DE UNA HUELGA ANUNCIADA/2

Trabajar como Chinos

Aunque los sindicatos convocantes no lo contemplen la prolongación de la jornada de trabajo, que fuera de cualquier control llega a las 10-12-14  horas diarias, se merece una huelga general.

Que lejos aquellos días en los que nos ilusionamos con la aprobación en Francia de la jornada de 35 horas. Parecía que se iba a superar la reivindicación histórica de las 40 horas semanales. Al menos en Europa.

Porque mientras los chinos a lo suyo, a trabajar todo el día y a comer un cuenco de arroz con arroz. Y si los chinos pueden hacerlo, porqué no los curritos españoles.

Llama la atención que Bruselas y Washington no incluyan en sus exigencias a España la modificación de la legislación para prolongar la jornada de los trabajadores españoles. Y la razón es que ya es un objetivo conseguido por los empresarios. Si los contratos son precarios la jornada se prolonga automáticamente.

A los jóvenes que se incorporan lo primero que se les advierte es que su jornada no se regula por convenio sino por “las necesidades” que estimen sus jefes. Deben olvidarse de cualquier conciliación familiar, o de simultanear estudios y trabajo, o de cualquier tipo de ocio. Deben salir de casa antes del amanecer y volver bien entrada la noche. Los fines de semana deberán hacer la compra, limpiar la casa, preparar la ropa, ir a la peluquería y de marcha a emborracharse, para no pensar en la mierda de vida que llevan.

En la Banca siempre se ha alargado la jornada de trabajo legal. En los años 70 con las horas extraordinarias retribuidas. En los 80 ascendiendo a jefes a todos los que admitieran abrazar la nueva vida y consintieran en aceptar todo lo que se les mandara. En los 90 la precarización de los contratos, las empresas de trabajo temporal, las subcontratas y la externalización de departamentos terminó con cualquier regulación legal de jornada. El nuevo siglo trajo la subida del precio de la vivienda, las hipotecas a 40 años, y claro, más horas de trabajo. Los años 10 vienen con la crisis, fin de la esperanza.

Habrá quien piense que si hay menos trabajo por qué no repartirlo y reducir las jornadas. Sería una buena receta para acabar con el paro de 4 millones que reconocen las estadísticas. También habrá quien diga que las nuevas tecnologías, la automática, la informática y la robótica deberían, hace ya tiempo, por el brutal aumento de la productividad, haber reducido la jornada.

Pero claro, si se repartiera el trabajo y se redujera la jornada, dejaría de haber paro y entonces los trabajadores no competiríamos unos con otros y no nos impondrían ninguna condición abusiva en nuestros empleos.

Hay multitud de estudios que denuncian las consecuencias de estas jornadas de trabajo maratonianas: en la salud física y mental de los trabajadores, en la desestructuración familiar, en los accidentes de trabajo y en el embrutecimiento y degradación de los individuos y la sociedad.

Si alargamos nuestra jornada cerramos el paso a otros trabajadores y, a la larga y a la corta, nos perjudicamos a nosotros mismos. En el improbable caso de que nos renueven los contratos, como mucho a los 50 años estaremos quemados y seremos despedidos sin ninguna contemplación.

Os proponemos un simple ejercicio. Dividir el sueldo neto por el número de horas trabajadas al mes. ¿A cuánto te pagan la hora de trabajo? No te deprimas. Toma conciencia. Apúntate a la solidaridad.

SALUD Y SUERTE.