Comunicado final huelga Manpower L’Auditori-Liceu

Tras 63 días de huelga del servicio de acomodación de L’Auditori y de 28 días de huelga del servicio de acomodación del Liceu, el Comité de Huelga conjunto de la convocatoria de huelga de la sección sindical de SUT en Manpower – conformado por 5 miembros de cada plantilla – ha llegado a un acuerdo de fin de huelga con Manpower y las direcciones del Liceu y de L’Auditori.

No ha sido posible, al menos no en esta atacada, conseguir acabar con la subcontratación. Las razones son varias y merecen un análisis detenido que publicaremos en su momento.

Sin embargo, la presión realizada por la huelga en los dos centros, el cierre de la sala de conciertos de L’Auditori a través de la medida cautelar instada por el sindicato y la presión sostenida y creciente en las puertas del Liceu, han puesto a las empresas en la situación de tener que ceder, al menos, en determinados aspectos que constituyen una mejora de las condiciones de los trabajadores y una inversión del proceso de degradación de las condiciones que se venía imponiendo año tras año.

En primer lugar, se ha conseguido una de las reivindicaciones fundamentales y que ha reforzado la unidad de los huelguistas en todo el proceso: todos los trabajadores contratados por ETT y/o en periodo de prueba, pasan a ser trabajadores de la subcontrata Manpower en igualdad de condiciones que sus compañeros.

En segundo lugar, se ha logrado un aumento de 27% del precio por hora (más y todo por una parte de los trabajadores del Liceu), así como el reconocimiento del plus de antigüedad y de los futuros incrementos. Las horas de la jornada mínima por turno, que en L’Auditori se habían reducido hasta 1,5h, han quedado fijadas en 3, 4 y 5 horas según la tipología de concierto en los dos centros. El número de acomodadores de reserva ha quedado fijado y, en particular en L’Auditori, ha supuesto un incremento medio de entre el 20% y el 40% de personal en cada servicio. Se ha fijado también para el centro del Liceu un mínimo de 5 trabajadores por encima de los que efectivamente trabajan en un momento dado para garantizar los cambios y “permisos” en el lugar de trabajo.

Por último, tanto L’Auditori como el Liceu se han comprometido por escrito a incorporar en los próximos 4 pliegos la subrogación del personal y de las condiciones laborales pactadas, así como fijar el número mínimo de trabajadores por tipo de servicio según el acordado.

Sin haber conseguido el objetivo principal, la huelga ha demostrado que la acción decidida y contundente de los trabajadores puede parar los pies al ansia de la Patronal de reducirnos las condiciones laborales y de vida y arrancarles al menos una parte de lo que nos han estado robando durante los últimos años. Si estas huelgas se extienden a más centros y sectores, y se extienden en el tiempo, recogiendo las lecciones de los intentos anteriores y profundizando en los aciertos, podremos frenar la degradación de las condiciones laborales que hace años que nos están imponiendo.

La huelga ha progresado navegando a través de las tentaciones y cantos de sirena de la campaña electoral municipal, rechazando ser instrumentalizada y rechazando someterse al clientelismo parlamentario. Finalmente, el Ayuntamiento de Barcelona, que es el máximo responsable del Auditori, se ha negado en redondo a contratar directamente a los trabajadores e incluso ha desdeñado presentarse a la reunión en la que había sido requerido. Esto pone en evidencia la hipocresía de la candidatura de Barcelona en Comú que representa la continuidad del anterior Ayuntamiento y, en concreto, un aval político a la actuación de la Dirección del Auditori durante la huelga: sustitución de los huelguistas con personal interno, uso de la policía privada para sustituir a los huelguistas, uso de la policía pública para reprimir a los huelguistas, etc.

El resultado más grande y profundo de esta huelga sin embargo no son lo resultados inmediatos en las condiciones laborales, sino la solidaridad y compañerismo que se ha forjado entre los huelguistas y la determinación con la que se ha buscado la extensión de la huelga en otros centros, determinación que ha tenido como resultado la extensión efectiva de la huelga en el centro del Liceu. Conjuntamente y con un seguimiento total a los dos centros, se han superado las trabas y todos los intentos de dividir y separar los dos grupos de trabajadores. Y esta es la verdadera victoria, la única que en el capitalismo puede aspirar a ser permanente, la extensión de la organización y la solidaridad entre los trabajadores.

Esperamos y llamamos a que esta huelga sirva de incitación a todos los trabajadores (subcontratados o no, fijos o eventuales, inmigrantes o nativos, etc.) con el fin de organizarnos fuera de las redes de los sindicatos subvencionados (empresas de servicios sindicales) y extender una lucha decidida contra los abusos de cada uno de los empresarios que nos los imponen y contra el conjunto de la Patronal.

 

CRONICA DE UNA HUELGA ANUNCIADA/2

Trabajar como Chinos

Aunque los sindicatos convocantes no lo contemplen la prolongación de la jornada de trabajo, que fuera de cualquier control llega a las 10-12-14  horas diarias, se merece una huelga general.

Que lejos aquellos días en los que nos ilusionamos con la aprobación en Francia de la jornada de 35 horas. Parecía que se iba a superar la reivindicación histórica de las 40 horas semanales. Al menos en Europa.

Porque mientras los chinos a lo suyo, a trabajar todo el día y a comer un cuenco de arroz con arroz. Y si los chinos pueden hacerlo, porqué no los curritos españoles.

Llama la atención que Bruselas y Washington no incluyan en sus exigencias a España la modificación de la legislación para prolongar la jornada de los trabajadores españoles. Y la razón es que ya es un objetivo conseguido por los empresarios. Si los contratos son precarios la jornada se prolonga automáticamente.

A los jóvenes que se incorporan lo primero que se les advierte es que su jornada no se regula por convenio sino por “las necesidades” que estimen sus jefes. Deben olvidarse de cualquier conciliación familiar, o de simultanear estudios y trabajo, o de cualquier tipo de ocio. Deben salir de casa antes del amanecer y volver bien entrada la noche. Los fines de semana deberán hacer la compra, limpiar la casa, preparar la ropa, ir a la peluquería y de marcha a emborracharse, para no pensar en la mierda de vida que llevan.

En la Banca siempre se ha alargado la jornada de trabajo legal. En los años 70 con las horas extraordinarias retribuidas. En los 80 ascendiendo a jefes a todos los que admitieran abrazar la nueva vida y consintieran en aceptar todo lo que se les mandara. En los 90 la precarización de los contratos, las empresas de trabajo temporal, las subcontratas y la externalización de departamentos terminó con cualquier regulación legal de jornada. El nuevo siglo trajo la subida del precio de la vivienda, las hipotecas a 40 años, y claro, más horas de trabajo. Los años 10 vienen con la crisis, fin de la esperanza.

Habrá quien piense que si hay menos trabajo por qué no repartirlo y reducir las jornadas. Sería una buena receta para acabar con el paro de 4 millones que reconocen las estadísticas. También habrá quien diga que las nuevas tecnologías, la automática, la informática y la robótica deberían, hace ya tiempo, por el brutal aumento de la productividad, haber reducido la jornada.

Pero claro, si se repartiera el trabajo y se redujera la jornada, dejaría de haber paro y entonces los trabajadores no competiríamos unos con otros y no nos impondrían ninguna condición abusiva en nuestros empleos.

Hay multitud de estudios que denuncian las consecuencias de estas jornadas de trabajo maratonianas: en la salud física y mental de los trabajadores, en la desestructuración familiar, en los accidentes de trabajo y en el embrutecimiento y degradación de los individuos y la sociedad.

Si alargamos nuestra jornada cerramos el paso a otros trabajadores y, a la larga y a la corta, nos perjudicamos a nosotros mismos. En el improbable caso de que nos renueven los contratos, como mucho a los 50 años estaremos quemados y seremos despedidos sin ninguna contemplación.

Os proponemos un simple ejercicio. Dividir el sueldo neto por el número de horas trabajadas al mes. ¿A cuánto te pagan la hora de trabajo? No te deprimas. Toma conciencia. Apúntate a la solidaridad.

SALUD Y SUERTE.