Hace 15 años, 19 soldados se negaron a asesinar a una niña, como les ordenó un superior. La decisión les costó ser expulsados del ejército acusados de cobardía. Hoy sobreviven de mala manera ya que la forma en se les echó les impide acceder a puestos de trabajo relacionados con la seguridad. Piden que los reintegren al Ejército y para ello llevan años reclamando en los tribunales.
Petro, el actual presidente de Colombia, les prometió el reingreso al ejército, e incluso les utilizó durante la campaña electoral, pero el tiempo pasa y la promesa no se cumple posiblemente por la resistencia de la jerarquía militar.
En aquel momento existía una guerra abierta entre narcos, guerrilleros, paramilitares y el ejército regular. Los ascensos y otras recompensas dentro del ejército colombiano se medían en proporción al número de muertos que se le ocasionaban al enemigo. Eso ocasionó que cuando un grupo de élite asaltó un campamento del ELN y encontraron una niña enferma recibieron la orden de su teniente coronel para que la vistieran pcon ropas de la guerrilla y la mataran. A pesar de la orden directa y las amenazas de su superior los soldados la curaron y la llevaron a un hospital. Un mes después fueron dados de baja acusados de cobardía aunque la misión en la que participaban había tenido más éxito del esperado.
Hay estimaciones de que durante esa guerra 6.402 civiles desarmados fueron ejecutados y contabilizados como bajas enemigas (en la jerga “falsos positivos”).
Para satisfacción de los antiguos soldados esa niña sobrevivió y hoy es madre a su vez de otra niña.
Aquellos jóvenes tuvieron el coraje de negar “la obediencia debida” y actuaron con un valor increíble. No deberían solicitar el reingreso en un ejército que sigue valorando la corrupción y el crimen. No les merecen.